jueves, 24 de abril de 2014

Inspirada en "Un zapato perdido" (Pablo Gentili).


ENANAS BLANCAS

Marco, Jhona, Maca, Gonzalo, Sebastián, Pablo, Luisa, Sergio... y la lista sigue y se renueva cada año: trayectorias escolares desfasadas. Muchas de ellas, enanas blancas. En el universo de una educación para todos, permanecen, resisten desde opciones alternativas en el borde del sistema escolar.
Seguramente no todas ellas rompieron su estructura atómica en una escuela pobre como para los pobres, pero sin dudas en la vulnerabilidad de su disposición hacia el aprendizaje, en una institución que enseña se comprimieron sus ganas, expectativas, o proyectos y se empequeñeció su haz de luz.
Ahora, forman parte de la resistencia porque la dinámica democratizadora institucional siguió sin ellos. Es que no se reconocen a tiempo las situaciones sistemáticas que colocan al estudiante en esa situación, sino que se descarga tanto la culpabilidad del problema como su solución en la posibilidad que cada uno de ellos tenga para trazar una trayectoria escolar diferenciada.
Lo peor es que parezca inevitable” - como sostiene Pablo Gentili – porque, el alumno que no ha podido vincularse a tiempo con el contenido propuesto en un aula normalizadota - ése que representa el pie descalzo de nadie y que en el todo a todos y al mismo tiempo aplicado a la complejidad de su historia como sujeto – nadie condiciona - queda excluido y destinado al rodamiento que sigue hasta lograr matricularse en otra escuela tal vez, más pobre en todo sentido que la anterior.
La sociedad naturaliza esta situación como si la educación dejara de ser un derecho para los chicos que no estudiaron, perdieron el tiempo o no se adaptaron en la oportunidad que tuvieron para aprender en un sistema lineal, contenidista y muchas veces, dulcemente perverso.


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