ENANAS
BLANCAS
Marco,
Jhona, Maca, Gonzalo, Sebastián, Pablo, Luisa, Sergio... y la lista sigue y se renueva cada año: trayectorias
escolares desfasadas. Muchas de ellas, enanas blancas.
En el universo de una educación para todos, permanecen,
resisten desde opciones alternativas en el borde del sistema escolar.
Seguramente
no todas ellas rompieron su estructura atómica en una escuela pobre
como para los pobres, pero sin dudas en la vulnerabilidad de su
disposición hacia el aprendizaje, en una institución que enseña se
comprimieron sus ganas, expectativas, o proyectos y se empequeñeció
su haz de luz.
Ahora,
forman parte de la resistencia porque la dinámica
democratizadora institucional siguió sin ellos. Es que no se
reconocen a tiempo las situaciones sistemáticas que colocan al
estudiante en esa situación, sino que se descarga tanto la
culpabilidad del problema como su solución en la posibilidad que
cada uno de ellos tenga para trazar una trayectoria escolar
diferenciada.
“Lo
peor es que parezca inevitable” -
como sostiene Pablo Gentili – porque, el alumno que no ha podido
vincularse a tiempo con el contenido propuesto en un aula
normalizadota -
ése que representa el pie descalzo de nadie
y que en el todo a todos y
al mismo tiempo aplicado
a la complejidad de su historia como sujeto
– nadie
condiciona -
queda excluido y destinado al rodamiento que sigue hasta lograr
matricularse en otra escuela tal vez, más pobre en todo sentido que
la anterior.
La sociedad naturaliza esta situación como si la educación dejara
de ser un derecho para los chicos que no estudiaron, perdieron el
tiempo o no se adaptaron en la oportunidad que tuvieron para aprender
en un sistema lineal, contenidista y muchas veces, dulcemente
perverso.

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